Sacre crowd
(Blanche - Montmartre - Hotel - Garnier - Bd Haussman)
Tercer y último día. It´s now or never. Lo que no veamos hoy, no lo vemos. El plan es bastante tranquilo. No revisitamos nada. Foco en montmartre y alrededores. Pasear, vivir lo que queda de la bohemia, domigo soleado de comida temprana en la Place du Tertre, y tiendecitas con encanto. Sí, ya...
Al principio bien; salimos del hotel con buen ritmo.
These boots are made for walking...
Subimos por la Rue Blanche, a la Place Blanche. Le Moulin Rouge, un clásico.
Rue Lepic, Rue des Abbesses. Se empieza a notar que efectivamente es una zona con tiendas y locales más vividos y reales, menos de postín. No está Louis Vuitton. Vale. Pescaderías, fruterías, panaderías, cafés... todos abiertos y con público (un poco pronto, debimos pensar).
Cool...
Y llegamos al muro "Te amo", con la misma expresión escrita en 300 idiomas (no los he contado). La versión castellana se encuentra rápido, pese a la ya indicativa multitud.
Le Mur des Je t´aime
Desde hace rato vamos ascendiendo poco a poco. Falta el ataque final a Montmartre, que hacemos a pie hacia el Sacre Coeur. Parte de la ruta, por la escalera junto al funicular, tan retratada en las postales (siempre de noche con lluvia, o de día en blanco y negro).
La cabra tira al monte
Sacre Coeur, et nous
La marabunta de gente es de auténtico escándalo. Ni nos planteamos hacer la infinita cola para visitar el interior de la Basílica. La sorteamos por la izquierda, y en las estrechas calles es aún peor. En un cruce, intentamos apostar primero por la opción menos concurrida, pero enseguida nos hace asomarnos a la salida al norte, por unas escaleras igualmente hermosas y menos concurridas, pero que nos obligarían a volver a hacer el esfuerzo de la subida. Me temo que no.
Asimimos que no nos queda sino sumergirnos en la multitud, que se abre al poco recomendable paso de algunos de los numerosos taxis que se atreven a entrar aquí. Camino de Place du Tertre, manos agarradas que perdemos a alguien. Y ya en la famosa plaza, los carismáticos pintores han quedado relegados a una estrecha franja entre la calzada y el centro de la plaza, ahora tomada casi en su totalidad por las terrazas de los restaurantes de la plaza. Da la impresión de que han sido expulsados. Uno se queda con la duda de para qué viene la gente entonces. Es la eterna paradoja: un sitio atractivo llama a los visitantes, y su llegada en masa expulsa aquello que hizo el lugar atractivo, convirtiéndolo en un mero escenario de cartón piedra. Ese recuerdo guardaré a partir de ahora de Montmartre, lamentablemente.
Si sales de las cuatro calles críticas, de pronto la masa se esfuma...
Siempre vigilante
Desde la frontera
Esto no tenía sentido. Teníamos reserva a las 13:30 en Chez Eugéne, en la Place du Tertre, que tenía buena pinta y el nombre incluso evocaba a Ratatuille. Aún era temprano, y no veíamos que íbamos hacer allí hasta entonces. En nuestras cabezas, al planificar, imaginábamos paseos entre pintores, tiendas y galerías, tranquilamente, sin las prisas de los días anteriores en que teníamos tantos objetivos distantes. Ya lo dijo Churchill: la primera víctima de la guerra es el plan, y el nuestro había caído en combate.
Así es que decidimos dar una última vuelta por la zona y volver sobre nuestros pasos, ya que, como dijimos, al subir habíamos atravesado un barrio mucho más agradable con comercios y restaurantes, y anulamos la reserva.
¿Y si nos vamos de aquí?
Efectivamente, curiosas tiendas, panaderías con cola en la acera, siempre las mejores, etc. Tentempiés variados (Quiche Lorraine, Pain fromage, XXXXX Speculoos), de pie, en la acera, como el que da de comer a polluelos, muy típico.
Curioso el Boulevard de Clichy, sobre todo yendo con niños: una acera abarrotada de sex shops y similares, bastante explícitos. Bastante revuelo en el grupo. Aligerad el paso. Y volvemos a Place Blanche.
Five Guys
Hay quien se queja del calzado, y empezamos a volver al hotel para parada técnica, pero ya hemos buscado un plan que limita el receso a 1 hora máximo.
Camino del hotel
Tras el descanso, FlyView Paris, una experiencia de realidad virtual sobrevolando lugares emblemáticos de París (hay otras opciones). Al final del viaje, al preguntar por lo que más ha gustado, alguien indica "La Torre Eiffel..." y añade "... en el vuelo virtual". La jodimos.
Briefing de seguridad en FlyView Paris
Tras ello, promesa de compras. La primera, la gran cadena española. El catálogo es diferente, tiene el toque chic Parisino, así que pasan una hora. Llega un momento que hay que buscarse que hacer hasta que terminen...





























